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MASONERÍA DE CASTILLA Y LEÓN

LOS MASONES DAN LA CARA

A FONDO


Ignacio Merino


Escritor y Gran Canciller de la Gran Logia Simbólica. 50 años. Masón desde 1999.

«Yo siempre tuve como asignatura pendiente contactar con la masonería, pero entonces no era fácil. En el 99, navegando por Internet, encontré los datos para contactar con una logia de Madrid y fui admitido. Al principio pensé que me iba a decepcionar, sobre todo después de la desilusión política que ha habido en todos los frentes. Pero no fue así, y yo creo que no decepciona porque la masonería es una experiencia, no algo mental o ideológico que tú sustentas. A la mayoría de la gente de mi entorno se lo conté abiertamente, pero a mis padres tardé algún tiempo en decírselo. Cuando mi madre supo que era masón, dio un respingo. Pero mi padre, que siempre fue un hombre tradicional, se volvió hacia mi madre y le dijo: Pues si está él, estará bien».



Javier Otaola

50 años, letrado del Gobierno Vasco y actualmente Defensor del Pueblo de Vitoria. Pertenece a la Gran Logia Simbólica de España desde 1981.

«Yo creía que la masonería era una especie de ateneo librepensador donde la gente se reunía para discutir con una serie de solemnidades, pero luego descubrí que tenía mayor calado, que era una invitación a una reflexión filosófica profunda y a unas relaciones fraternales muy intensas, y eso me fue enganchando. De hecho, en el rito de iniciación me llevé una sorpresa de la que todavía no me he repuesto. Pensé: Cómo es posible que esta gente tan seria se ponga esa ropa y haga estas cosas, pero luego comprendes que el rito y la parafernalia son elementos simbólicos cargados de sentido. Que el factor sorpresa es necesario, porque donde no hay sorpresa, ruptura de lo conocido, no puede haber salto ni esclarecimiento».

Extracto de XLSemanal Nº 994

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