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MASONERÍA DE CASTILLA Y LEÓN

DE LAS PERSONAS DE LA MASONERÍA Y DE LA MASONERÍA EN LAS PERSONAS

miércoles 31 de marzo de 2010

Por: Iván Herrera Michel

Acabo de terminar la lectura de las 20 entrevistas de Masones y Masonas contenidas en el libro “La Masonería en Persona (s)”, de Javier Otaola y Valentín Díaz, salido de los talleres de masónica.es (www.masonica.es) hace cerca de un mes y quiero hacer algunos comentarios.

Abordé la obra con el impulso frívolo que provoca un texto liviano que se puede leer en un vuelo de avión de una hora y media cuando uno no está obligado a repasar estados financieros, informes de revisoría fiscal o jurisprudencia del Consejo de Estado. Pensé encontrarme con una especie de revista HOLA sobre la “Grandeza Masónica de España”. Algo que pudiera comentarse ligeramente en cocteles, cenas y en las filas del teatro con los Masones que uno se encuentra en todas partes.

Craso error: a las pocas páginas ya la lectura no era tan placida, me estaba confrontando y me pedía mente abierta. La verdad es que la publicidad del libro no prepara al lector para el encuentro con su contenido.

Hace un par de años el ex Presidente de CLIPSAS y ex Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica de España Javier Otaola me había comentado el proyecto, pero nunca pensé que fuera a salir algo tan Iniciático. O si se me permite decirlo, el libro me pareció una Tenida de 365 páginas de largo, de esas que uno tiene que digerir con calma y tiempo.

De los 20 autobiografiados conozco a varios personalmente. Con Javier Otaola hasta se publicó un libro a dos manos, comparte conmigo con regularidad sesudos escritos y fraternales disensos. Con la ex Vice Presidente de CLIPSAS y ex Gran Maestra Ascensión Tejerina me honra una amistad de 10 años, la admiro cuando confiesa su edad (yo no la voy a repetir) y cumple el mismo día que mi esposa que también admira su trabajo en favor de la mujer. A Amando Hurtado no lo conozco personalmente pero me he desvelado muchas noches en dialogo con sus libros. A otros los conozco por sus escritos gracias al internet o por referencias personales de Hermanos/amigos en común. Etc.

Y hasta hay un par de “Regulares”, que dejan de salida sentada su condición de evangélico y ex Opus Dei en medio de un grupo de “adogmáticos” que reúne a Masones y Masonas que también son creyentes, con otros que no lo son y con unos más sobre los que las cosas no están clara. Alguien se anuncia cristiano, otro confiesa una óptica cósmica y uno más declara su absoluta lejanía con todo predicamento metafísico. De igual manera, hay quien se presenta como homosexual, como comunista, como periodista o como burgués.

Manes de la pluralidad y la tolerancia Masónica.

De los Masones españoles que conozco y he tenido contacto me hubiera gustado encontrar en el libro a: Joseph (Pep) Cruell, de Barcelona, (un personaje irrepetible), a Nieves Bayo Gallego, la actual Gran Maestra Adjunta de la GLSE, siempre seria, grave y fumando, a José Luis Cobos con quien tengo desde hace tiempo una charla filosófica siempre interrumpida por un océano al que le hacemos trampa cada dos años, a Ignacio Méndez – Trelles, el Director de la editorial “masónica.es” que está llevando a cabo un trabajo de difusión único realmente “al servicio de la Francmasonería universal, y al controvertido Víctor Guerra también, por supuesto, con una fecundidad editorial y crítica aguda que está macando diferencia de forma y fondo.

Y… ¿porque no?... a “la rubita de Madrid” que mencionó con galanura Javier Otaola en una conversación con Ascensión Tejerina, cuando les pregunté sobre una Masona española que escribía poesía de la que yo había oído hablar.

¿Por qué entraron ellos a la Masonería? ¿Por qué se quedaron? ¿Qué hacen allí todavía “a pesar de todo”?

No hay que llamarse a engaños. La cosa es en serio. No son unas simples autobiografías lo que uno encuentra. Son análisis muy sentados – no siempre prudentes - que no se van por las ramas sobre la Orden, los Masones, sus símbolos y su realidad. La mayoría no tiene pelos en la lengua cuando opinan sobre las diferencias entre la Masonería existente y la teórica, aunque hay algunos que se muestran un poco “diplomáticos”. Con varios se establece automáticamente una distancia. Con otros está uno más de acuerdo.

Hay personajes de personajes. Ignacio Merino me dejó impresionado, no tanto por su redacción provocadora, sino por las razones en que sustenta su deseo final de que quiere vivir sus “próximos años en la Masonería desde el banco de Aprendiz. Con humildad y silencio”, que es algo en lo que yo mismo he pensado en una Logia en donde nadie haya oído hablar antes de mi.

También aparece lucido Joan – Frances Pont, el actual Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Masónico de España, cuando sostiene que su “itinerario Masónico no puede describirse con la exhibición de diplomas y medallas, sino como un esfuerzo de autoconstrucción personal mediante lo que los Masones denominamos pulir la Piedra Bruta.”

Un punto para el Soberano.

Pensar a Ignacio Merino, con Yves Bannel, Amaury Suárez y Ana Morató, por citar unos pocos ejemplos de los Masones que aparecen en el texto, juntos en una misma institución y salón solo es posible bajo el alero de la Masonería en su pretensión tricentenaria de unir lo que está disperso. Porque estas personas, a juzgar por lo que cuentan de sus vidas y pensamientos, no se hubieran encontrado ni en la estación del metro.

El punto es para Anderson.

En lo personal, no me parece que “La Masonería en Persona (s)”, sea un libro para no Masones. Posee referentes Iniciáticos de alto voltaje que solo se comprenden con años de práctica, observación y reflexión Masónica sobre nuestras experiencias y desideratum.

De todos modos, cualquiera puede leerlo si lo desea y conocerá muchas más cosas de la Orden Masónica y de sus miembros de las que pudiera imaginar, ya que también contiene periplos intelectuales, culturales, ideológicos, espirituales, etc., muy interesantes sobre personas que decidieron un día ingresar a la Masonería, explican porque, valoran su propia experiencia y hacen reflexiones de vida que a todos nos tropiezan.

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