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MASONERÍA DE CASTILLA Y LEÓN

El "Código" Barcelona

El "Código" Barcelona

La fisonomía urbana de la Ciudad Condal acoge un sorprendente rastro de señales y símbolos vinculados a su legado francmasón, una herencia histórica que, al reseguirla, desvela una de las caras más desconocidas de la capital catalana.

DAVID REVELLES Barcelona 22/09/2010 08:48

Foto:El cuadrado mágico del Templo expiatorio de la Sagrada Familia

"Los mejores secretos están escondidos a la vista de todo el mundo", asegura Robert Langdom, el protagonista de las novelas de Dan Brown, en su última aventura superventas, El símbolo perdido, un thriller con la masonería como protagonista y Washington, la capital de EEUU, como telón de fondo. París, Bruselas, Londres... muchas otras capitales podrían, a tenor de su hondo legado masónico, haber servido como telón de fondo la aventura masónica de Brown. ¿Incluso Barcelona? "Por supuesto, Barcelona es una ciudad con alma masónica", afirma Xavi Casinos, uno de los mayores expertos españoles en la sociedad secreta más famosa y autor de libros como la guía Paseos por la Barcelona masónica.

El periplo por algunas de las huellas masónicas en Barcelona parte del Museu de Ciències Naturals de la Ciutadella. Ahí, Casinos señala una de las placas cerámicas que rodean el perímetro superior de su fachada: una estrella de mar de cinco puntas. "La letra G que aparece dibujada en el centro de la estrella es uno de los símbolos presentes en toda logia -explica Casinos-, cuyo significado, para unos, obedece a la primera letra de la palabra God (Dios en inglés), mientras otros ven en ella la letra inicial de Geometría".

Barcelona es una ciudad con alma masónica.

Aunque para fachada masónica -sin olvidar la del cementerio de Poblenou, con sus pirámides y el Ojo que Todo lo Ve presidiendo la entrada- la de la antigua sede de la Cooperativa Obrera La Fraternidad (Comte de Santa Clara, 8-10). En ella, entre dos figuras femeninas, pueden verse dos manos entrelazadas dentro de un triángulo. "La posición de las dos manos forman el saludo masónico en el primer grado de aprendiz", explica Casinos, quien recuerda que el tufo masónico de la composición no pasó desapercibida para las autoridades franquistas, "por lo que tanto el triángulo y las manos estuvieron tapados con mortero durante toda la Dictadura".

Mandiles y manteles

Si hay una rara avis de la Barcelona masónica, una auténtica joya que no suele estar en la agenda de los turistas y que tiene todos los ingredientes para una novela al estilo Brown ésa es la Biblioteca Pública Arús (Passeig de Sant Joan, 26). Fundada en 1895, fue el gran legado de su fundador, Rossend Arús (1845-1891), periodista, filántropo e impulsor de la masonería en Cataluña. Su identidad masónica se perciben en todos sus rincones: una réplica de la estatua de la Libertad presidiendo la entrada, el suelo ajedrezado, decenas de mandiles, guantes e insignias de logias de todo el mundo expuestos en vitrinas... hasta puertas secretas camufladas entre las vetustas estanterías donde reposan 70.000 volúmenes.

Si la visita a la Biblioteca Pública Arús despierta el apetito intelectual por la hermandad secreta, como apunta Casinos, no hay mejor epílogo a la ruta por la Barcelona masónica que recalar en el mítico restaurante el 7 Portes que ocupa una de las esquinas del edificio conocido como los Porxos d’en Xifré. ¿La razón? La profusión de símbolos en el exterior del edificio, en especial las franjas verticales azules que decoran la fachada -un posible recordatorio a un mandil de maestro masón de algunos ritos- y la estatua de Urania -musa de la arquitectura en la Edad Media- que sostiene un compás con las puntas abiertas mirando hacia arriba. Aunque eso no es todo. Es más que probable que la mayoría de los comensales, quizás enfrascados en saborear algunas de las afamadas especialidades del restaurante -como el bacalao a la llauna con judías del ganxet- no reparen en las baldosas ajedrezadas del suelo, características de las logias o en las hojas de acacia -elemento que retrotrae a la leyenda de Hiram, el constructor del templo de Salomón- en las cerámicas de los arrimadores del comedor. Pero ya se sabe, los secretos mejor guardados suelen estar a un palmo de nuestras narices.

Fuente: Público.es

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