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MASONERÍA DE CASTILLA Y LEÓN

Despertar masónico

Despertar masónico

Texto: Santiago Romero
En una tormentosa noche de 1975, Gerardo Jerry Villares, un emigrante coruñés huido de la orfandad y la miseria coruñesa de posguerra para acabar asentándose exitosamente en la buena sociedad londinense -ex mayordomo de Lady Sinclair, relacionado con las más importantes fábricas de textiles y compañero de partida del mítico actor Douglas Fairbanks- vio entrar en el selecto Conservative Club de Clapham Common a ciertos amigos con el misterioso atuendo -maletín y ropa oscura- del que hacían gala según que noches.
"Ahí vienen los de la mafia", pensó en broma Gerardo Villares -ya pasado al Oriente Eterno (fallecido)-. Y entonces uno de ellos, Wally, un empleado del Banco de Inglaterra muy amigo del emigrante coruñés, le preguntó: "¿Pero de verdad no sabes quiénes somos?". Esa noche, Gerardo descubrió que eran masones, después de casi ocho años de relación con ellos. Poco después pidió el ingreso. "Jerry pidió", dijeron sus enigmáticos amigos y corrió el champán. "No volví a ser el mismo", confesaba Gerardo unos años más tarde a sus hermanos coruñeses.
En 1985, mister Jerry Villares cruzó el mar de vuelta con el grado 18 de la masonería y un regalo de sus amigos del club: un sello de oro con la escuadra y el compás grabados en la tapa, que se puede girar para ocultar el símbolo. Villares se convirtió en 1989 en el venerable maestro de la logia Renacimiento 15 Curros Enríquez, el primer centro masónico erigido en Galicia tras la implacable persecución franquista.
Monte Alto fue entonces el enclave elegido: un barrio iniciático que conservó el carnaval y que todavía tiene un jardín con chalés construidos por algún patrono para sus obreros, que se llama Campo de Marte, en el que un colegio anexo sigue dedicado al hermano Curros Enríquez y una de las peñas más tradicionales se titula Os ben levados.
Cerca de dos décadas después y a veinticinco años de la primera logia masónica reinstaurada en España después de la guerra civil, A Coruña -uno de los epicentros masónicos de mayor tradición en la península Ibérica- revive un despertar masónico en la ciudad.
Hasta tres logias -la mayor actividad en una ciudad española descontando a las grandes capitales- se encuentran actualmente activas: una recién nacida este mismo año -Gran Loxia de Galicia, que estudia integrarse en la Gran Logia Ibérica Unida-; otra a punto de inaugurar en octubre un nuevo templo en las inmediaciones de la avenida de Finisterre -Renacimiento 54, la única regular, con obediencia a la Gran Logia de España- y una tercera -Ara Solis- que ha constituido una obediencia propia: el Gran Oriente Ibérico.
Descendientes de los que levantaron iglesias y de lo que las costearon; de jefes de Gobierno republicanos como Santiago Casares Quiroga; de militares liberales como Lacy -que pagó con su vida la derrota del absolutismo monárquico en el XIX- o el general Asensio Torrado -que alcanzó el máximo grado 33 en los Estados Unidos-; de escritores y artistas como Curros, el presidente de la Academia Manuel Lugrís Freire; de pensadores como Emilio González López; de artistas como Luis Seoane o hasta de un hermano del mayor perseguidor de la masonería, como el aviador Ramón Franco.
"Nuestra sociedad existía antes de la creación de este globo terrestre", afirmaba el masón Olivier en 1823. Sólo retomaba un mito según el cual una sociedad iniciática digna de este nombre se confunde con el propio orden del universo. No olvidemos que los rituales masónicos comparan la logia con el universo y que los iniciados trabajan bajo la bóveda cósmica y en presencia del sol y de la luna.
Dios, dicen los antiguos textos masónicos, fue el primer masón, puesto que creó la luz. Adán, fue el primer hombre iniciado. Adán, en la perspectiva masónica, no es el pecador caído, sino el antepasado que dio forma a la tradición esotérica y la transmitió a las generaciones futuras.

Todos los grandes personajes de la antigüedad fueron masones: el legislador Solón, el profeta Moisés, el matemático Tales, el geómetra Pitágoras o el mago Zoroastro. El matemático Euclides, los arquitectos constructores de las pirámides, del templo de Salomón y de las catedrales medievales también lo eran. El simbolismo de la masonería antigua menciona en los antiguos textos con frecuencia un manuscrito que data de los orígenes del mundo. Contiene el secreto del arte real, obras inmortales realizadas por los grandes maestros. Nadie sabe naturalmente donde se conserva este manuscrito y sólo los masones que han avanzado mucho por la vía iniciática son capaces de leerlos.
En todas las épocas, la masonería se ha designado como una sociedad iniciática, es decir, una orden que se consagra a los misterios de la vida y propone al hombre medios de evolución espiritual. Estas formas primordiales se transmitieron al mundo greco-romano y a la cristiandad; es conocida la tesis según la cual Cristo habría salido de la comunidad iniciática de los esenios.
De las cenizas de la Edad Media brotará una nueva civilización en la que la religión comienza a difuminarse y a desempeñar un papel cada vez menos decisivo en los asuntos del Estado. Precisamente cuando desaparece una concepción sagrada de la sociedad se forman realmente las sociedades secretas.
Cuando actualmente hablamos de francmasonería, la moderna masonería heredera del antiguo simbolismo, nos referimos a la tradición masónica nacida en 1717 en Londres, cuando se funda la Gran Logia Unida de Inglaterra, la logia madre que habría de extenderse por todo el mundo y que se da a sí misma la omnipotencia legislativa sobre todas las demás logias.
A partir de entonces, las logias reconocidas por Londres son llamadas regulares y el resto, irregulares. Tanto en Inglaterra como en América, acceder a la masonería es un honor. Felipe de Edimburgo y el arzobispo de Canterbury son francmasones. La mayor nación masónica es indiscutiblemente Estados Unidos: toda su historia muestra la huella del ideal masónico que inspiró, en gran parte, su primera Constitución. La mayoría de los presidentes americanos perteneció a la orden.
La lista de los grandes personajes de la masonería universal coincide con la de los grandes hitos de la humanidad. Desde los astronautas que pisaron la luna a Isaac Newton; desde Voltaire a Umberto Eco o Mozart a Louis Armstrong. En España sobresalen los nombres de Ortega y Gasset, Isaac Peral y Santiago Ramón y Cajal. Instituciones internacionales como Cruz Roja, la ONU o la desaparecida Sociedad Europea de Naciones fueron inspiradas por masones.
A Coruña tiene un gran peso en la historia de la masonería, pero al contrario de la tradición universal, las logias nacieron aquí con una clara voluntad política que choca frontalmente con el precepto regular que prohíbe hablar de ideología y religión.
"La logia superselectiva de militares Los amigos del orden, creada en 1814 en A Coruña es la única en la historia del mundo que se atreve a definirse políticamente, a favor del movimiento constitucionalista que acabará derrocando al absolutismo en España", señala el historiador Alberto Valín, indiscutiblemente el mayor experto de la masonería en Galicia y uno de los pocos estudiosos a los que se les permitió el acceso a los archivos del Free Mason Hall de Londres, el sancta sanctorum mundial de la masonería regular.
"Ese episodio fue lo más importante de la historia de Galicia en los dos últimos siglos y me ha sorprendido que Pepe Barreiro se haya olvidado de él en esta historia que acaba de publicar, aún hablamos de ello hace unos días. Esa logia coruñesa es objeto internacional de estudio por su rareza, al ser la única que conocemos los historiadores de la masonería en el mundo entero que se atreve a definirse políticamente desde el propio título distintivo: Logia Constitucional. Tuvo una enorme trascendencia internacional", añade Valín.
La vocación política de los masones coruñeses entronca con la II República, donde casi todos los líderes republicanos tuvieron una paralela militancia masónica. Precisamente uno de los enigmas históricos españoles todavía por aclarar es el protagonismo jugado por la masonería en el pacto de San Sebastián -en el que tiene un destacado papel el coruñés Santiago Casares Quiroga, que ocuparía varias carteras ministeriales y la jefatura de Gobierno en 1936- y el sorpresivo advenimiento republicano en 1931. "La involucración de la masonería en el pacto que trae la República es imposible de demostrar, aunque es innegable que buena parte de los republicanos son masones. Casares se monta su propia masonería para tener un apoyo electoral en Galicia. Cuando deja de interesarle porque no le saca provecho político, la abandona. Tanto es así, que la propia Gran Logia Regional del Noroeste de España. que era la obediencia de todas estas logias republicanas, lo expulsa con ignominia. A pesar de ello, en plena guerra civil, la masonería hablará del líder coruñés en algunos momentos como masón, olvidándose completamente de que había sido expulsado, porque le interesa políticamente", afirma el historiador.
Tras la guerra, la masonería se convertirá en la gran obsesión de Franco, a pesar de la militancia masónica de familiares muy próximos. Como Hitler, que se empeñó desde joven en exterminar a los judíos, el dictador también tuvo un afán apasionado: acabar con los masones españoles. Dicen que porque, siendo un militar de posibles en África, le negaron dos veces la entrada
en la logia de Larache -"por su carácter intolerante"-, y también por sinsabores familiares de imposible clarificación documental. La implacable represión en la larga postguerra incivil, con miles de masones encarcelados y ejecutados, incluyó la destrucción de archivos para borrar las huellas de una organización en la que militaba la mitad de los diputados y líderes políticos de la época e, incluso, el padre y el hermano menor del dictador, el aviador Ramón Franco.
Pese a no haber entonces más de 5.000 asociados a la masonería, la ley represora de 1940 dio paso a casi 18.000 procesos y expedientes, culminados muchos de ellos en el pelotón de fusilamiento, años de cárcel o un larguísimo exilio exterior o interior. Lo sorprendente fue que, muerto el dictador y pese al regreso paulatino de los pocos masones supervivientes del exilio, la masonería no fue legalizada hasta muy avanzada la transición, y ello después de un largo proceso, zanjado por la Audiencia Nacional en sentencia de mayo de 1979. La judicatura espantaba así los recelos franquistas del Ministerio del Interior de la época, obligándole a aceptar en el registro de asociaciones a la Gran Logia de España, que comenzó sus actividades en 1982.
Sin ser masón, el estudioso Alberto Valín estuvo en el germen del renacimiento de la masonería coruñesa. "A raíz de la publicación de un libro mío que tuvo bastante éxito, muchos masones, la mayoría emigrantes retornados de América e Inglaterra, comenzaron a visitarme a partir de 1985 creyendo que yo era un hermano. Yo los enviaba a Francisco
Javier Alvajar (hijo del histórico César Alvajar, que llegó a representar a Galicia en el Gobierno republicano en el exilio y cuyos restos regresaron el año pasado a la ciudad coruñesa). Algunos años más tarde, en 1991, la obediencia de la pionera logia simbólica Renacimiento 54 se trasladará a la Gran Logia de España. Era la primera vez que levantaba columnas en A Coruña una logia regular aceptada por Londres. El otro único caso en la provincia coruñesa se remonta al año 1910, cuando ingenieros y obreros especializados británicos de los astilleros fundan en Ferrol la logia Saint John, con obediencia debida a la Gran Logia de Escocia".
José Fernández Nogueira es en la actualidad el venerable maestro de la logia regular coruñesa Renacimiento 54, que el próximo mes de octubre tiene previsto inaugurar un templo masónico en el número 7 de la calle San Isidoro, en las inmediaciones del cruce de la avenida de Finisterre con Ronda de Nelle. Hasta ahora, venían celebrando sus tenidas -reuniones masónicas- en un hotel ubicado frente a Hacienda. "Los templos regulares tienen que ser inaugurados por un alto dignatario de la Gran Logia de España y nosotros esperamos que acuda el gran maestro, Carretero", adelanta el masón coruñés.
Nogueira, que admite que la masonería regular o anglosajona es más rígida que la latina, aunque piensa que ambas corrientes están condenadas a fusionarse en un futuro, es partidario de la hermandad universal que facilita la obediencia regular. "Estamos todos dentro de una misma carcasa. Si tengo que ir a Argentina, a Australia o a Nueva York, allí tengo siempre hermanos de mi obediencia. Eso no ocurre con las irregulares. Es bueno que se sigan manteniendo los antiguos ritos, pero hay otras formas rígidas de carácter interno que hay que ir modificando. Existen ya movimientos muy serios en este sentido en Inglaterra", reconoce.

Una de esas formas es la negativa a admitir mujeres. "Las mujeres tienen opción en la masonería, aunque no en la regular. Puede ser una medida anacrónica, no lo niego, pero la experiencia en la masonería simbólica, donde hay logias mixtas, masculinas y femeninas, de-muestra que las dos últimas funcionan perfectamente y es precisamente en las mixtas donde hay más problemas. Que cada uno haga la lectura que quiera, pero esa es la realidad", asegura Fernández Nogueira.
La masonería coruñesa reinstaurada con la llegada de la democracia -pese a la mayoritaria simpatía republicana de sus miembros- poco tiene que ver con el activismo político de sus etapas anteriores, aunque la sombra del combate ideológico sobrevoló la gran escisión sufrida el año pasado por la Gran Logia de España - a raíz de las elecciones perdidas por el entonces gran maestro Corominas, de tendencia filosocialista- que provocó también la división de la logia coruñesa Renacimiento 54 en diciembre de 2006.
"Hubo miembros que entendieron que no debían estar en la obediencia de la Gran Logia de España y se fueron. Respeto su decisión, pero no la comparto, porque cuestionan una votación democrática. Han perdido y punto. En cualquier caso, la logia Renacimiento está ahora en un momento altísimo. Antes de la escisión éramos 32, bajamos a 16 y estamos otra vez en 30 y con unos quince a la espera. Desde marzo se solicitaron una cantidad enorme de ingresos. La mayoría de la gente se acerca a nosotros a través de internet -logiarenacimiento. org-, aunque no todos -sí la mayoría- vienen bien encaminados. Nosotros les contamos lo que se ve y ellos nos tienen que contar lo que creen ver. El proceso de aceptación o rechazo suele durar entre dos o tres meses", señala Nogueira.
El masón coruñés más antiguo en activo es Álvaro Portas, venerable maestro de la logia Ara Solis -cuyo templo está ubicado en la calle Noya- que fue ya hermano de Gerardo Villares en la pionera Renacimiento 15. Portas, que hace unos años organizó una exposición sobre masonería que recorrió España y está considerada como la quinta más importante organizada en Europa, alcanzará el próximo mes de noviembre en París el máximo grado masónico del rito francés -el quinto- y se convertirá en el primer español en ostentarlo.
El mayor mérito de Ara Solis, sin embargo, es el haberse convertido en la sede central de una obediencia propia, el Gran Oriente Ibérico, con cerca de doscientos miembros repartidos en siete logias actuantes en España y Portugal. "De las logias de A Coruña se habla en la masonería mundial por su actividad. Y ahora nos empiezan a llegar los reconocimientos. El Gran Oriente Ibérico es ya la tercera obediencia en España, tras la Gran Logia de España y la Gran Logia Simbólica Española. Ahora nos vamos a ver en la necesidad de abrir logias mas allá de la península Ibérica, porque quieren venirse con nosotros logias de México, Uruguay y Polonia. Tenemos además contactos con logias de habla hispana de Nueva York y Marruecos, con las que trabajamos en conjunto. Y por descontado, con Francia. En diciembre habrá un acto conjunto con una logia de París", explica Álvaro Portas.
En Ara Solis, al contrario que en la masonería regular, sí son aceptadas las mujeres. Hay dos en la logia coruñesa y cerca de un 40% de los miembros de la obediencia son femeninos. "No tiene sentido mantener el veto a las mujeres.
Me sorprende que haya diputados socialistas y gente del Partido Socialista, que tienen la obligación de defender una ley de igualdad, y se meten en unas obediencias masónicas que en sus estatutos tienen la necesidad de creer en un Dios revelado, que brindan por el rey -nosotros lo hacemos por el jefe de la nación, si es el rey, pues bien-, y que no admiten a la mujer, pero ni de visita. ¿Dónde son unos cínicos?, ¿en el partido o en la masonería?. Y hay bastantes, aquí en Coruña y fuera", cuestiona Portas.
La sede de Ara Solis fue testigo de algunos episodios singulares, como la tenida blanca cerrada a la que asistió como invitado el ex alcalde Francisco Vázquez. En una reunión de este tipo, el invitado es el único que no es masón, mientras que en las tenidas blancas abiertas hay varios invitados y los hermanos de la logia pueden si lo desean mezclarse con ellos sin signos identificativos para ocultar su condición masónica. "Paco dio una conferencia muy amena y al acabar se entabló una discusión sobre el laicismo en la educación. Yo no digo que no se enseñe religión, pero donde se tiene que enseñar. El Estado no tiene que hacerlo. Y ya se sabe que Paco es muy religioso. Pero fue algo distendido. A esa tenida no vinieron todos los hermanos, hubo gente que no quiso que él supiera que eran masones. Y él se dio cuenta de que no estaba todo el mundo", recuerda Portas.
El historiador Carlos Pereira Martínez es el venerable maestro de Gran Loxia de Galicia Nº 1 -la tercera vía masónica coruñesa- que acaba de levantar columnas hace unos meses tras escindirse buena parte de sus miembros de la logia regular Renacimiento 54. Sin dejar de lado los aspectos rituales y simbólicos -practican el rito escocés antiguo y aceptado- esta nueva logia reclama la tradición de actuación social y política propia de la masonería gallega del XIX, con obediencia autónoma como la Gran Logia Regional Galaica de Moreno Barcia. "El objetivo es una logia gallega y participamos en la articulación de la Gran Logia Ibérica Unida -www.gliu.es-, de corte federalizante más acorde con la estructura actual del Estado (Galicia pertenece en la obediencia regular a la provincia de Castilla, que abarca Asturias, Santander, País Vasco, las dos Castillas y Extremadura). Es una refundación de la masonería que no tuvo lugar tras la transición de la misma manera que la vivieron los partidos políticos", expone Pereira. La Gran Loxia de Galicia abordará también el veto al acceso de la mujer a la masonería, "aunque ese debate no se vaya a dar internamente a breve plazo".
Los profanos nos preguntamos por qué un centro de circulación de ideas necesita en el siglo XXI arroparse en el secreto y quizás es que ese misterio sea su principal atractivo. "Le he dado muchas vueltas -se pregunta también el estudioso Alberto Valín- Ellos me dicen: como no has estado dentro no sabes lo que pasa por tu cuerpo. Los he observado siempre que he podido, que nunca me han dejado mucho. Y me digo: no hay duda de que les vale la pena, no sólo por esa experiencia de la iniciación y lo que esto representa a nivel psicodramático, que es bastante fuerte. Yo, que padezco de los nervios, quizá pasase la iniciación, pero el rito del grado tres, eso de que te metan en un ataúd, no creo que lo pasara. Hay pocas cosas en las que se pueda creer hoy. A cierta edad, la gente te decepciona. Pero esta gente no se decepciona nunca. Son los últimos optimistas".

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