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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2011.

Los masones y la Real Academia Española

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El Diccionario se moderniza constantemente para dar nuevas definiciones, como la eliminación de la expresión “sociedades secretas” para referirse a los masones.

Desde la aparición de la Constitución se establece que no existen en España “sociedades secretas”, por lo que los masones españoles solicitaron a la RAE que se cambiara su definición por la de “sociedades discretas”. Finalmente, se optó por definir la Masonería como una “asociación universalmente extendida, originariamente secreta..”.

Ésta es sólo una de las muchas curiosidades que relataba José Manuel Blecua, director de la RAE, en una de ponencia durante los cursos de verano de El Escorial que organiza cada año la Universidad Complutense de Madrid.

Blecua se refería a la complejidad que supone esta modernización constante del lenguaje, que nunca está exenta de polémica. “El Diccionario es un caso único de obra en constante dinamismo”, puntualizaba Blecua, recordando como hace años hubo una gran problemática con la inclusión en el Diccionario de nombres de marcas registradas que han sido asimiladas por el lenguaje, tales como maicena, chupa-chups o teflón.

Fuente: www.ilustradordigital.es

11/07/2011 20:06. Zayin #. Sociedad No hay comentarios. Comentar.

Franco y su famoso contubernio masónico

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12 / 07 / 2011 Incitatus

75 años después de la sublevación de 1936, ya se sabe cuáles eran las causas del odio feroz del Caudillo hacia los masones. Y también sus terroríficos resultados.

Lo último que hizo aquel hombre de mente pequeña y corazón de hielo, que en sus últimos años parecía haberse convertido en un viejecito frágil y desvalido, fue volver a echarle la culpa de todo a la masonería. Se asomó al balcón, perdido dentro de aquel uniforme en el que había sitio de sobra para tres como él, y lo dijo con su vocecita: “Todo lo que en España y Europa se ha armao obedece a una conspiración masónico-izquierdista, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece”. Y se quedó tan ancho.

Lo que se había armao (quema de embajadas españolas, una protesta internacional como jamás se había visto) no era culpa de la masonería, ni del célebre “contubernio”, ni de nadie más que de él: unos días antes había mandado matar a cinco seres humanos para que escarmentásemos todos. Era septiembre de 1975. Como había dicho tantas veces, su pulso no tembló. O mejor dicho, sí tembló, pero nada más que por el párkinson.

El descrédito de la masonería es lo único que, a fecha de hoy, le salió bien a aquel desdichado. Ninguna de las ideas que defendió o puso en marcha, ni una sola, permanece en pie. Solo sus 40 años de calumnias contra una asociación de personas libres, que goza de un bien ganado prestigio en todas las viejas democracias del mundo, empapó a la sociedad española lo bastante como para que hoy, en la segunda década del siglo XXI, una gran cantidad de ciudadanos de nuestro país siga mirando a la masonería con recelo. Eso sí le salió bien al Caudillo... y hay que admitir que con la inestimable ayuda de los propios masones españoles, que siguen extraordinariamente divididos y que se empeñan, todavía hoy (no todos, desde luego; menos mal), en velar sus actividades tras una niebla de misterio que no se ve ya en casi ninguna parte del mundo. Si a eso se añade el fanatismo de la extrema derecha y del sector más cerril y paleocristiano de la Iglesia católica, grupos que jamás se han preocupado de enterarse honesta y verazmente de qué es la masonería (y de qué no es), el resultado no podía ser sino el que vemos. Todavía abundan las personas de buena fe que creen sinceramente que los masones adoran al diablo, pisan crucifijos, bailan alrededor de cabras y hasta devoran niños en sus tenidas. En serio.

Hoy, 75 años después de la sublevación de Franco contra la República, la pregunta es: ¿qué le pasaba a aquel hombre con la masonería? ¿De dónde venía semejante obsesión, aquel odio inextinguible que no lo abandonó jamás?

Los historiadores han hecho su trabajo (me refiero a los historiadores de verdad, no a los perroflautas de la ciencia histórica, sean píos o césares) y la respuesta está, hoy, clara.

La obsesión patológica de Franco contra la masonería procede, en primer lugar, del rencor personal. Franco intentó hacerse masón dos veces en su vida. No tiene nada de extraño. Muchos de sus compañeros de armas lo eran. Había, incluso, un dicho malévolo que se repetía en los cuarteles: “¿Quién es masón? El que está delante de ti en el escalafón”.

La burla.

Franco, un joven y brillante militar africanista, pretendía no solo medrar sino asegurar su posición en una España convulsa. Y se le ocurrió que la masonería podía serle útil. A mediados de los años 20 pidió su iniciación en una logia de Larache llamada Lukus. Los militares masones le dijeron que sí, que muy bien. Pero era una burla feroz. Le hicieron gastarse una pequeña fortuna en túnicas bordadas y en adornos absurdos, y al final, a la hora de la verdad, lo despidieron entre risotadas: cómo iban a permitir que aquel trepa sin escrúpulos se hiciese masón.

El futuro Caudillo se tragó la bilis y años más tarde, ya general y en Madrid, volvió a intentarlo. Era 1932. Ahí lo rechazaron desde el principio. Si a eso se añade que su hermano y su padre eran masones, las piezas encajan. Su hermano era un tipo brillante, un héroe romántico y de ideas peligrosas, que tenía un enorme éxito con las mujeres. Además, había sido uno de los que votaron en contra cuando Francisco trató de hacerse masón por segunda vez. Y su padre era el golfo que abandonó a su esposa (Franco idolatraba a su madre) y se fue a vivir con otra. Está claro. La obsesión de Franco con la masonería era una cuestión personal, un rencor de las vísceras que iba mucho más allá de lo leído en los furibundos escritores clericales del XIX. Era odio.

Lo curioso del asunto es que Franco debe su larga dictadura a algunos masones. Sin ellos, habría caído antes de que terminase 1945. Un libro magnífico (Franco contra los masones, de XaviCasinos y JosepBrunet; MartínezRoca, 2007) revela qué hubo de verdad en aquella frasecita cursi del “contubernio judeomasónico” contra España. Mejor dicho, contra él.

Sí existió. Desde 1921 funcionaba en Ginebra una organización llamada Asociación Masónica Internacional (AMI), constituida con el impulso de la prestigiosa Gran Logia Suiza Alpina. Eran pocos hermanos y de diversos países. Algunos eran judíos. El gran canciller a finales de los años 30 era el suizo John Mossaz, y la AMI estaba contra la dictadura de Franco lo mismo que contra Hitler o Stalin: la vieja aversión de los masones contra las dictaduras. En 1940, ante el curso de la guerra, la AMI se trasladó a Lisboa.

Y allí se produjo el toque surrealista. El hermano portugués de la AMI estaba casado con una señora llamada A. de S., una ferviente católica y franquista a machamartillo que se pasaba la vida copiando las actas de las reuniones masónicas a las que asistía su marido y enviándoselas a Franco. Terminaba sus cartas así: “Quién como Dios”. Este argumento de sainete permitió al Caudillo estar al tanto de lo que se cocía en el “contubernio”.

La verdad es que se coció muy poco. Aquellos masones imaginaban que, a su llamada, las logias españolas (exterminadas) levantarían al pueblo contra el dictador. No sucedió nada de eso. La AMI vivía en un mundo de fantasías que concluyó en 1945, en la cumbre de Potsdam, cuando el masón Winston Churchill y el masón Harry Truman (sucesor del masón Franklin D. Roosevelt en la presidencia de EEUU) decidieron mantener en el poder al antimasón Franco ante el riesgo evidente de que el antimasón Stalin se merendase España si se entregaba el poder a Juan III. Los masones de la AMI se enfadaron muchísimo con sus hermanos Churchill y Truman, pero dio igual: a estos dos masones debe Franco su largo mandarinato. Luego se dedicó, con Carrero Blanco, a escribir delirantes artículos en el diario Arriba con el seudónimo de Jakin Boor (parodia de dos símbolos masónicos). Eso y nada más fue el famoso “contubernio”. Eso y miles de cadáveres ofrecidos durante décadas en el altar de un rencor patológico. Hoy, cuando se piensa en sacar los huesos de Franco del Valle de los Caídos, la aún pequeña masonería española crece. La Historia, a veces, tiene estos detalles.

Fuente: tiempodehoy.com

14/07/2011 10:05. Zayin #. España No hay comentarios. Comentar.


Viaje al fondo de los símbolos

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El autor escribió «Las enseñanzas secretas de todos los tiempos», una extraña enciclopedia sobre los símbolos de la historia.

«Las enseñanzas secretas de todos los tiempos»
Manly P. Hall
MR
800 páginas. 27,50 euros.

27 Julio 11 -  Ángeles LÓPEZ

Manly Palmer Hall, que con sólo veintisiete años publicó el más monumental tratado de simbología del siglo XX: «The Secret Teachings of All Ages», recuperado ahora, por Martínez Roca, en una exquisita edición.  Sus más de 600 referencias y 200 ilustraciones, lo convirtieron en una obra erudita que ha perdurado. Como me explicó muchas veces Javier Sierra –autor de «El ángel perdido» y periodista especializado en temas heterodoxos– en sus páginas revisó el folklore cabalístico, masónico, rosacruciano y hermético. Consiguió interesar a  showmans como Sid Grauman     –propietario de los míticos Teatro Chino y Egipcio de Hollywood– e incluso a estrellas como Elvis Presley. Su nombre se sumó a la legión de swamis, guías espirituales y médiums de la época que cautivaron a héroes nacionales como el astronauta de la misión Apolo 14, Edgar Mitchell o el cofundador del Instituto de Ciencias Noéticas, Willis Harman. La fascinación de Dan Brown por Manly P.Hall es más que patente.
Filosofía y ocultismo
No se adentren en estas 800 páginas quienes teman un examen superficial de las tradiciones más espirituales de la historia. Pese a no haber alcanzado la treintena, el autor fue capaz de compilar una obra maestra, digna de un erudito de la religión, la filosofía y el ocultismo. Proporcionar un resumen de los contenidos de este libro necesitaría otros dos volúmenes igual de gruesos para contar las formas, modos y metodología que aplicó. Es emocionante la introducción en la que desbarata el árbol genealógico de la filosofía desde Tales a Eisntein para acabar reclamando una solución al materialismo opresivo que ha gestado en nuestra sociedad de manera exponencial
Otro aspecto refrescante por el que este trabajo ha inspirado a tantos es porque está presentado de forma objetiva. La mayoría de los autores modernos utilizan las antiguas tradiciones para retorcerlas –desde el «best seller» a libros de autoayuda–, pero Hall, trabajó este compendio desde un ángulo distinto: Las enseñanzas secretas que despliega las concibe como un códice de filosofía mística, como una guía completa para el neófito que siempre que intenta acceder a lo incognoscible, se encuentra con un muro de textos fragmentarios,  eruditos o tamizados.
Hall no creó «un ismo», ni una «escuela», ni pretendió ser un gurú con una doctrina con telón de fondo. Su verdadero propósito es introducir en la mente del lector una hipótesis de vida totalmente al margen de la teología materialista, la filosofía o la ciencia. Logró destilar la esencia de los temas más arcanos acercándonos a los rosacruces y otras sociedades secretas, la alquimia, la criptología, la Cábala, el Tarot, las pirámides, el Zodiaco, la filosofía de Pitágoras, la Masonería, gemología, Flammel, la identidad de Shakpespeare,  Hermes Trismegisto, la Leyenda de Hiram, el árbol de los Sephiroth o el cristianismo místico.
Una muerte misteriosa
Pocos conocen el misterioso final de este expero en la  sabiduría de la antigüedad –y fundador en Los Ángeles de la Philosophical Research Society-. A mí me lo contó Javier Sierra: el 29 de agosto de 1990, a los 89 años, Hall fue encontrado en su mansión hollywoodiense cerca del Parque Griffith, tendido sobre la cama de su dormitorio, devorado por miles de hormigas que salían y entraban del interior de su cuerpo. La investigación abierta no logró establecer la causa exacta de su muerte, pero descubrió que los insectos eran de una variedad argentina inexistente en California y que debieron de apoderarse de su cuerpo en campo abierto y no en el interior de su vivienda. Por todo lo dicho: No es un libro de mesa o de rápido vistazo a extrañas prácticas de adeptos ocultos, y sí viaje profundo y sabio a través del espectro de las tradiciones antiguas y esotéricas.

Fuente: larazon.es

29/07/2011 21:10. Zayin #. Bibliografía No hay comentarios. Comentar.


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