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La masonería en España: del secretismo a la discreción

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  • Los historiadores aseguran que se trata de una asociación de carácter filantrópica.
  • Han estado excomulgados por la Iglesia desde el siglo XVIII.
  • Políticos españoles como el Conde de Aranda, Mateo Sagasta o Manuel Azaña han formado parte de la familia masónica.
  • La identidad de sus miembros deben mantenerla en secreto.

Perseguida por el régimen de Franco durante cuarenta años y permitida desde 1979, la masonería sigue suscitando en España desconocimiento, rechazo e indiferencia, lo que ha llevado a sus miembros a abrir un debate sobre la necesidad de darse a conocer.

El historiador José Miguel Delgado asegura que la masonería es una asociación filantrópica que, a diferencia de lo que se suele pensar, se caracteriza por la discreción y no por el secretismo: "Es preferible que se intuya que una persona practica la masonería por sus buenas actuaciones que porque lo diga abiertamente".

De Collodi a Beethoven

Pocos saben a ciencia cierta qué es la masonería. Sin embargo, se relacionan con ella a diario a través de los referentes culturales que ha depositado durante sus más de tres siglos de historia.

Desde cuentos infantiles hasta composiciones de música clásica transmiten la filosofía de esta centenaria asociación de corte humanista, que en España cuenta con unos 3500 miembros.

El escritor Carlo Collodi escribió en 1882 Historias de un títere, cuyo protagonista, Pinocho, descubrió que "el camino correcto se alcanzaba a través del conocimiento y la sabiduría", explica el presidente del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, José Miguel Delgado Idarreta.

"Lo que había sido un tronco de madera y luego una marioneta, se convirtió finalmente en una persona real, tras superar las adversidades que se le presentaron", indica Delgado.

Collodi era masón y a través del cuento de Pinocho expresó su visión de esta institución, una visión que coincide con la del Gran Maestro de la Gran Logia de España, Oscar de Alfonso, quien asegura que "es una escuela de formación de los individuos", que se basa en "el honor, la verdad y la virtud".

Perdonar al peor enemigo

La cifra de masones españoles contrasta con la de masones europeos. En Francia, por ejemplo, asciende a 40.000 miembros.

En este sentido, el Gran Maestro Óscar de Alfonso, precisa que la masonería española pretende conseguir una normalización que permita a sus miembros demostrar que no son sectarios: "Nuestro objetivo no es influir en el mundo, sino formar buenas personas, y de forma indirecta trasladar esos valores a la sociedad".

Sin embargo, dos aspectos deben mantenerse en secreto: lo que ocurre dentro de las tenidas -nombre que reciben las reuniones de las logias- y la identidad de sus miembros, a menos que sean ellos mismos quienes lo desvelen.

En las reuniones, a las que solo tienen acceso los componentes de la logia, se celebran ejercicios de naturaleza simbólica, como por ejemplo el rito de iniciación en el que tras vendarle los ojos al aspirante se le pregunta si estaría dispuesto a perdonar a su peor enemigo.

Al quitarle la venda de los ojos, se le advierte de que efectivamente su peor enemigo se encuentra en la sala, se le pide que se dé la vuelta y justo detrás un espejo le muestra su propio reflejo.

Masones históricos

Políticos españoles como el Conde de Aranda, Práxedes Mateo Sagasta o Manuel Azaña han formado parte de la familia masónica, aunque, tal y como señala el historiador José Miguel Delgado Idarreta, es necesario tener "precaución" a la hora de definirles como masones, porque hay matices.

Voltaire, Beethoven y George Washington eran masones En el caso del político progresista y presidente del Gobierno Mateo Sagasta, Delgado precisa que cuando llegó a la presidencia del Gobierno dejó su condición de "masón activo" y se convirtió en "masón durmiente", con el objetivo de "mantener la distancia" y evitar favores incómodos.

También el presidente de la Segunda República Española, Azaña, entró en contacto con la masonería pero, según Delgado, sólo estuvo tres meses, pues "no le terminó de convencer".

En el extranjero también existen numerosos referentes históricos. Entre ellos se encuentran filósofos, como Voltaire que se hizo miembro de una logia prácticamente un año antes de morir, políticos, como el primer presidente de EE UU, George Washington, o músicos como Bethoveen, que compuso obras para las reuniones de su logia, entre muchos otros profesionales de todos los campos.

También políticos que ejercen y han ejercido altos cargos en la administración y el gobierno recientemente pertenecen a la institución masónica, aunque prefieren mantenerlo en secreto.

Constructores de catedrales

Según Delgado, el origen de esta institución se remonta a la aparición de las primeras asociaciones gremiales en torno al siglo X, aunque la masonería moderna, tal y como se conoce en la actualidad, surgió en el siglo XVIII de la mano de los constructores de catedrales.

El secretismo comenzó a aflorar precisamente para evitar que no hubiera impostores que se presentaran en una catedral bajo la condición de maestros masones y obtuvieran un puesto de trabajo para el que no estaban cualificados.

Con el declive de las construcciones religiosas se comenzó a permitir la entrada de profesionales liberales, que ofrecían soporte jurídico o asesoramiento a las logias, como abogados o estadistas.

A principios del siglo XVIII, con la redacción de las Constituciones de Anderson (1923) y la aparición de las primeras logias masónicas en Londres, se establece el nacimiento oficial de la masonería moderna.

Conflictiva relación con la Iglesia

El secretismo que rodea el trabajo de las logias ha provocado que se acuse a sus miembros de querer influir en las decisiones políticas y económicas de su entorno o, desde posturas religiosas, de querer instaurar una moral laica, contraria a la fe católica.

El profesor de historia contemporánea de la Universidad CEU de Madrid, Alberto de la Bárcena, apunta que la masonería especulativa es "una secta secreta" nacida en Inglaterra en el siglo XVIII para impedir, entre otras cosas, la restauración de los católicos Estuardo.

Desde su punto de vista, la masonería se basa en un "racionalismo radical" que "conduce a la adoración del hombre, que se redime por sí mismo, prescindiendo de Dios", de manera que según De la Bárcena, constituiría una religión en sí misma con su propio sistema de valores y creencias.

Considera que dos elementos importantes en cuanto a su funcionamiento son "el secreto" y "la obediencia", por lo que indica que el estudio de la Masonería encuentra, por estas razones, "grandes dificultades".

La relación con la iglesia católica siempre ha sido conflictiva, de hecho los masones han estado excomulgados desde el siglo XVIII.

La referencia más reciente es la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1983, que dice textualmente que "los fieles que se inscriban en asociaciones masónicas están en pecado grave y no pueden recibir la Santa Comunión".

Pulir el espíritu

Según César Navarro, presidente de la fundación que lleva su nombre y experto en masonería, para comprender la evolución de esta asociación histórica es necesario hacer una distinción de sus dos principales etapas.

La primera, denominada masonería operativa, era practicada por los constructores de catedrales y tenía como objetivo la edificación de templos, mientras que la segunda, denominada masonería especulativa y practicada en la actualidad, pretende "construir un templo de la virtud y pulir no la piedra, sino el espíritu humano".

Fuente: 20minutos.es

27/03/2011 20:21. Zayin #. sin tema Hay 2 comentarios.


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